La Crisis, vista por una mamá

Cada día que pasa me preocupa más el futuro de mis hijos y me crece la irresponsabilidad de haberlos traído al mundo justo en este momento, con la incertidumbre de qué será de esta generación que acaba de arrancar su niñez o pubertad plácidamente instalados en un hogar sin necesidades importantes.

En la desconfianza de que esta situación económica se arregle a medio plazo, se que no debo colmarles de cosas materiales y sin embargo me siento mal por privarles de lo que actualmente sí puedo ofrecerles.

Me debato pensando si lo mejor es entregarles todo, por si luego no hay, o educarles en la austeridad para que la caída no sea tan cruda.

Acostumbrados como están a su tele, su casita caliente, su coche, sus chuches, sus muchos juguetes, su ropita de marca… si llega el día en el que no podamos pagarles los estudios, no encuentren trabajo, tengan que viajar en metro y no puedan adquirir su propia casa o la nuestra no tenga el calor de su infancia, ¿cómo iniciaran su andadura en solitario? -se me ocurre que cabizbajos, añorando y lamentando lo perdido, sin esperanza y sin grandes convicciones... evidencias de una generación triste! 

No soy economista, pero aplico lo que yo llamo el sentido común, común a todos los españoles de clase media que cada vez que oyen a un político decir que tiene que adoptar medidas impopulares se echa a temblar a sabiendas de que,  directa o indirectamente, le van a tocar el  bolsillo.

Y en ese momento, en el que el miedo se apodera de mi y por mucha atención que preste, no termino de entender ni las medidas para paliar la crisis ni las explicaciones que nos dan para tener que tomarlas. 

Hablan de sostenibilidad, medidas de calado, reformas estructurales y las  expresiones más “rimbombantes”: la deuda soberana y la caja común. Ahí es donde ya pienso malo, malo, porque mi deuda la controlo yo y el señor del banco, pero la del conjunto del Estado, tal y como están las cosas, a saber… y en lo referente a la caja común, pregunto: ¿común para quien? Y juntando ambas no es lo mismo soberanía común que común soberanía, ni el estado de la caja que la caja del Estado, total que me lían y al final me tocan el bolsillo.

Yo no se como hemos llegado a esta situación de crisis, aunque al parecer somos partícipes todos aquellos que hace unos años nos compramos -y seguiremos pagando por muchos años, aunque nos la quiten- un pisito para vivir,  un apartamento en la playa o un adosado en la sierra,  porque no nos informamos adecuadamente sobre cuando iba a estallar la burbuja inmobiliaria (otra palabreja de esas para echarse a temblar) y pagamos a precio de oro, aceptando una tasación “oficial” que en su momento servía pero ahora ya no y además la entidad financiera nos prestó dinero de más por lo que ahora nos quiere quitar y que resulta que vale mucho menos…. No entiendo nada.

Ah, y además con la caja común de la soberanía  vamos a pagar la deuda que han adquirido las entidades financieras, que no nuestra deuda a las entidades financieras… osea  reciben ayudas por tener deudas y a nosotros nos quitan la casa y no la deuda. Para mondarse de risa si no fuera porque a causa de esto hay gente que se ha suicidado y otros muchos que malviviendo han sido acogidos por familiares y mendigan un trozo de pan para sus hijos o un trabajo digno con el que poder seguir pagando deudas.

He dado muchas vueltas a todo este sin sentido y creo que, si es cíclico –como dicen-, la clase media se extinguirá y solo habrá clase alta y baja, como no hace tanto tiempo y la diferencia de clases será muy significativa, de forma que el pobre bastante tendrá con buscarse el sustento y el  pueblo, antes “soberano”, dejará de pedir explicaciones a sus representantes, dejará a los empresarios fijar los horarios y los salarios, no solicitará la baja laboral salvo causa de alto riesgo, no tendrá necesidad de asistencia primaria y dejará los estudios a cambio de un cutre jornal.
Mientras, la clase alta se blindará en sus mansiones a salvo de delitos y robos, de fisgones, de acusaciones y malversaciones, de justificaciones de incrementos o evasiones de capital. Ahí estarán los banqueros, los directores de las grandes empresas, los dirigentes políticos, quizás algún que otro representante sindical y  muchos actores y directores de cine. ¿Quieres que te diga donde estaremos nosotros?.

Voy a intentar cambiar el chip ser positiva, pensar que todo esto es un mal presentimiento y que no es nada real que pueda pasar en pleno siglo XXI, me lo repito: pensamientos positivos, pensamientos positivos y me digo:“Las duras medidas adoptadas que ahora tenemos que soportar van encaminadas a la sostenibilidad del país y de los individuos que lo componen, para logar un estado del bienestar que todos nos mereceremos tras este largo y duro camino”. Vale, parece que funciona, ya estoy más feliz, habrá que arrimar el hombro y sobre todo la cartera, si el  fin justifica los medios!

Pero, ojo y si los medios no funcionan, llegaremos a ese fin de la crisis tan deseado, veremos por fin los brotes verdes o la luz al final del túnel ¿y si las medias adoptadas no son las correctas? La inquietud y el temblor de piernas me hacen replantear de nuevo la situación y adoptar por mi cuenta y riesgo una serie de medidas: en primer lugar reduciremos las salidas y venidas, los gastos superfluos, los vicios que perjudican la salud, me doy de baja de la suscripción a Ser Padres, leo el periódico por Internet, reduzco el contacto telefónico con amigos, saco a los niños de actividades extraescolares,  retiro la ternera de la bolsa de la compra, el marisco no me sienta bien -total para que comprar si estamos a dieta-, los zapatos al zapatero, zurcimos como antaño los calcetines, la revisión del coche al taller más próximo, tiro de fondo de armario, adiós a la asistenta, las mechas en cuatro colores y las vacaciones en el pueblo, como toda la vida, … y con todo lo ahorrado, bien! ya puedo volver a pagar la factura de la luz. Y convencida de mi buen hacer y mi gran suerte me voy a acostar quedándome a oscuras.

Amanece un nuevo día, los rayos de sol entran por mi ventana y zas! la radio del despertador me echa en cara las noticias sobre las estadísticas del INEM… la sostenibilidad por los suelos, cada vez más gente jubilada y parada que trabajando…

Y llegado a este punto no creo que las inoportunas, insociables e impopulares medidas que se vienen aplicando estén sirviendo para nada que no sea paliar las deuda exterior del país, la de los grandes magnates, mandantes y mangantes (que parecidas son estas palabras, no?, quien las inventaría…. ¡algún visionario!)

Y volviendo la vista a mis hijos, me asalta de nuevo la preocupación: ¿qué puedo ofrecer yo para paliar esta crisis o que la misma les afecte lo mínimo? Pues de momento sólo analizar en qué punto estamos y a partir de ahora estrujarme el sentido común...

CONTINUARÁ….

(By BMB)

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